
Jack Kerouac debió de ser un tipo curioso, al igual que curiosa es su prosa hecha poesía. Tenía un don natural para escribir, para hacer de lo cotidiano una historia en la que, si te descuidas, ves volar dragones un día de lluvia. La magia de hacer tangible lo irreal. Cualquier escritor desearía tener esa capacidad innata de jugar con las palabras, de desnudar vocales y consonantes y fotografiarlas sobre el papel blanco. Me pregunto si Jack Kerouac tachó alguna vez sus líneas, si deshizo el camino andado, si pensó que su literatura no era buena, si desesperó, si creyó por un momento que su forma de escribir no merecía la pena, si era poeta por...